Nadie puede pensar lo que quiere ni hacer pensar a otro lo que a él se le antoje. Lo único que puede hacerse es observar atentamente a una persona; generalmente se puede decir luego con exactitud lo que piensa o siente y, por consiguiente, también se puede predecir lo que va a hacer inmediatamente.
La mejor actitud para llevar a cabo observaciones originales, es tratar de no concentrarse exclusivamente en el punto principal, sin intentar observar lo inesperado, recordando siempre que la observación no consiste en la espera pasiva, sino que es un proceso mental activo.