La buena opinión de la humanidad, como la palanca de Arquímedes, con el punto de apoyo adecuado, mueve el mundo.
El proceso autonómico tampoco puede ser una vía para la destrucción del sentimiento de pertenencia de todos los españoles a una Patria común. La autonomía no puede, por tanto, convertirse en un vehículo de exacerbación nacionalista, ni mucho menos debe utilizarse como palanca para crear nuevos nacionalismos particularistas.
Se mata la perra y se acaba la leva