Amargo sabe el pan ajeno, dice Dante, y pesados los escalones de una casa extraña, ¿Y quién mejor que la pobre pupila de una vieja aristócrata para conocer la amargura de la dependencia?
El lenguaje hace que la gente no pueda salir de su ambiente. Enseñad a un hombre bajo a expresarse como un aristócrata y lo cambiaréis.