Sofía.-..., los que son o se tienen por príncipes mayores, para mostrar con señales manifiestas esa su potestad y divina preeminencia sobre los demás, se ciñen la cabeza con la corona, la cual no es otra cosa que una figura de muchos cuernos que lo coronan en círculo, id est, le coronan la cabeza.
...hay que dejar a todo el mundo la libertad de opinión y la potestad de interpretar los fundamentos de la fe según su juicio, y que sólo por las obras se debe juzgar si la fe de cada uno es sincera o impía.
En el tu, tenian bajo su jurisdicción entre diez mil y cincuenta o sesenta mil habitantes. Tenían fuerzas armadas propias, como los cuerpos de defensa; facultad para establecer impuestos por su propia cuenta, como por ejemplo, el impuesto por mu de tierra, y facultades judiciales propias, como la de detener, encarcelar, interrogar y castigar a su antojo a los campesinos.
Denostar a la Justicia que no juzga a su antojo es una muestra gratis de totalitarismo infundado y berreta. Bonafini no está sola.
Amistad nunca mudable por el tiempo o la distancia, no sujeta a la inconstancia del capricho o del azar, sino afecto siempre lleno de tiernísimo cariño, tan puro como el de un niño, tan inmenso como el mar.
Mejorar no es otra cosa que repetir actos positivos, buenos, esforzándose, yendo contracorriente, negando el capricho del momento o lo que apetece. Hacer esto cuesta, pero así se va fraguando la persona sólida, en la adquisición de hábitos que buscan lo mejor, aunque eso implique la renuncia y la negación