El ochenta por ciento del éxito consiste en estar allí.
No hay ingrediente secreto o formula secreta responsable del éxito de las mejores compañías japonesas
El liderazgo eficiente requiere la habilidad de organizar y dominar detalles. Ningún líder genuino jamás está demasiado ocupado para hacer cualquier cosa, la cual pueda ser requerida en su capacidad de líder.
Sería bastante fácil ser escritor si para ello no se necesitara sino corazón, habilidad y descaro.
La victoria en la guerra no depende completamente del número o del simple valor; sólo la destreza y la disciplina la asegurarán. Hallaremos que los romanos debieron la conquista del mundo a ninguna otra causa que el continuo entrenamiento militar, la exacta observancia de la disciplina en sus campamentos y el perseverante cultivo de las otras artes de la guerra.
La observación indica cómo está el paciente; la reflexión indica qué hay que hacer; la destreza práctica indica cómo hay que hacerlo. La formación y la experiencia son necesarias para saber cómo observar y qué observar; cómo pensar y qué pensar.
Guatemala tiene un río pensativo y otro que se tiñó de sangre... Tiene un volcán de agua, otro de fuego y una montaña de huesos y cadáveres.
El vino es una cosa maravillosamente apropiada para el hombre si, en tanto en la salud como en la enfermedad, se administra con tino y justa medida.
Al ver al hombre el tigre lanzó un rugido espantoso y se lanzó de un salto sobre él. Pero el cazador que tenía una gran puntería le apuntó entre los dos ojos, y le rompió la cabeza.
Una bolsa de dragones compra el silencio de cualquiera por un tiempo, pero un dardo disparado con puntería lo compra para siempre.
Guatemala tiene un río pensativo y otro que se tiñó de sangre... Tiene un volcán de agua, otro de fuego y una montaña de huesos y cadáveres.
El vino es una cosa maravillosamente apropiada para el hombre si, en tanto en la salud como en la enfermedad, se administra con tino y justa medida.
El genio es un ajustamiento promontorio del infinito.
Racing para mí es un viaje a Avellaneda de cada domingo de mi vida cuando era chico, es un gol de Boyé dándonos el campeonato en 1951
Los mejores goles, los hice con el Deportivo Cali y con el Pachuca. Pero el mejor gol que recibí, fue olímpico y lo anotó Sandra, mi esposa, con mis dos hijos: Miguel Ángel y Juan José. El matrimonio es lo mejor que le puede pasar a un ser humano
El genio es un ajustamiento promontorio del infinito.